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Editorial: Quisiera lanzar un mensaje de optimismo y alegría desde estas líneas. Nuestra fuerza siempre ha estado en la unión y en creer en nuestro modelo y en nuestros proyectos y actividades, además del buen hacer pedagógico. Eso no ha dejado de ser así y animo a los compañeros y compañeras perseverar en el buen trabajo que se hace en nuestras aulas, en nuestros centros, en nuestras queridas Escuelas Unitarias.


Ese trabajo y ese empuje es el que hasta ahora nos ha dado fuerzas para resistir el embate de la crisis actual que todo parece justificarlo. Una muestra la pueden ver en este Mocán, en el sumario que al lado de estas letras se encuentra.
No caigamos en el pesimismo porque nunca nosotros hemos estado en crisis ni hemos dejado de luchar por el alumnado y por las familias. Ustedes, las familias, bien que han recompensado, creyendo en nosotros, este trabajo sordo y sacrificado, sin importar las horas dedicadas, de los maestros y maestras para conseguir que nuestros nueve centros sean uno solo y juntos afronten el futuro.
La vida está llena de tropiezos, pero éstos no son lo importante, lo que es indispensable es saber asociarse y apoyarse para superar las dificultades. En ese trabajo es donde todos y todas mejoráremos como seres humanos y transmitiremos a nuestros alumnos esos valores del esfuerzo y la positividad, tan
necesarios hoy en día.
Así que seguimos adelante y estoy absolutamente convencido y creo en ello, que esa unión de la Comunidad Educativa es la que puede superar cualquier adversidad.
Quiero terminar, en lo personal, dedicando un elogio y una felicitación a la Comunidad Educativa del CEIP Tiguerorte por luchar tantos cursos seguidos por el mantenimiento del centro, al igual que a la Comunidad Educativa del CEI Edisa Figueroa Yanes, con la compañera Clara a la cabeza, que han sabido también luchar con fuerza y ganas por el centro. Debe quedarnos a todos y todas, en nuestro corazón, la satisfacción de ese trabajo de tantos años y ese superar dificultades que a todos nos ha hecho crecer como personas.
Entiendo a Clara, entendemos a Clara, que ha estado 18 años en el centro y ahora le toca recoger. Son momentos de desanimo que estoy seguro que la compañera, con la entereza y coraje que le he visto desde que la conocí, va a superar, pero sé que duele. A mí, como a muchos, alguna vez, me ha tocado de cerca esa tristeza. Sinceramente la animo a pensar que otros niños y niñas van a disfrutar y a aprender con ella.
También quiero dedicar unas líneas a un compañero que lo fue desde el instituto, de mi edad, y que, desgraciadamente nos dejo, el amigo Francisco Eloy, del colegio El Fuerte, que supo encontrar como nadie el espíritu y la esencia de la escuela unitaria, y donde quiera que esté seguirá siendo Maestro de Escuela Unitaria con mayúsculas.
¡Larga vida a la Escuela Unitaria!
Álvaro Martín Corujo

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