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Autoría: Herlinda Rodríguez Cruz

ALGUNOS ASPECTOS A CONSIDERAR EN EL APRENDIZAJE LECTOESCRITOR.

zurdo2Este documento va dirigido a todas aquellas personas que forman parte del entorno de nuestros niños y niñas ( p a d r e s , madres, abuelos/as…) que no sólo se ocupan de garantizar su cuidado “físico”, sino que permanecen también vigilantes y colaboradores con múltiples aspectos relacionados con la Escuela, como muy bien sabemos quienes hemos tenido la fortuna de haber desarrollado nuestra labor profesional en el ámbito de la Escuela Unitaria. Para ellos mi agradecimiento.


Como introducción, diré que es en el ambiente familiar donde se comienza, sin proponerlo, la estimulación de las habilidades necesarias para la adquisición del lenguaje: ritmo, percepción visual y auditiva, memoria, estimulación de los músculos de la cara, de la boca y de la lengua… Durante las rutinas y cuando jugamos con los pequeños, producimos ruidos que, además de dar seguridad, los ayudan a diferenciar los sonidos, a situarse en el espacio y en el tiempo.
Cuando cuidamos a nuestros niños/as, reproducimos con nuestros juegos, retahílas y canciones, sin darnos cuenta, un protocolo que la sabiduría popular ha transmitido durante generaciones, y que los preparará para el maravilloso mundo de la comunicación. Y ésta se concreta especialmente en la lengua escrita, y para ello los/las preparamos.
Debe ser un principio fundamental (o debería) que el aprendizaje lectoescritor se comience de la forma más lúdica posible, conectando con sus intereses y fomentando la imaginación y la creatividad.
Así pues, primero abordaremos ejercicios en que todo su cuerpo se ve implicado, en los que el trazo no tiene aún un significado concreto (sólo es juego). De esta manera, podemos señalar un circuito sin fin sobre el piso o alfombra, con un sentido único de desplazamiento, que nos obligue a seguirlo infinidad de veces, cambiando algo cada vez: pueden ser paradas de guagua, estaciones, elementos
de un disfraz, … El objetivo es que, poco a poco y sin percibirlo, vaya interiorizando, esquematizando, ciertas estructuras que se convertirán posteriormente, finalmente, en trazos, letras, números…
Asimismo, estaremos sentando las bases de la estructuración espacio-temporal, tan necesaria en este proceso y que va a prevenir la aparición de posibles problemas.
Del suelo, gran espacio, pasaremos a otro más reducido, la cartulina y después la media cartulina, en que marcaremos con un rotulador grueso tanto el camino a seguir como las flechas que indican el sentido del mismo. Según mi experiencia, es mejor la media cartulina que el folio DIN A3, aunque sean del mismo tamaño, ya que la primera es más consistente y, por tanto, más resistente al deterioro producido por las sucesivas “pasadas” o “vueltas” de los niños y niñas.
Nuevamente será necesaria la imaginación y la creatividad para variar la actividad y captar su interés: cochitos de diferentes materiales, construidos con ellos; plastilina sobre el camino; granos o macarrones pegados; gomets,…
En ellos/as, un juego, un trazo, irá adquiriendo significado y se irá concretando en lo que más tarde serán letras, sílabas, palabras, frases con sentido, una adivinanza, un poema, un cuento, una historia…
A la hora de situarlos frente a un folio, ya deberemos saber cuál es su mano dominante, si la derecha o la izquierda, puesto que tendremos que orientar debidamente el papel (volveremos a este punto).
Los ejercicios de grafomotricidad deben secuenciarse tal que pasen gradualmente del movimiento de la articulación del hombro (movimiento grueso) al movimiento de la articulación del codo y, por último, fijando éste para terminar con el movimiento preciso de la punta de los dedos (motricidad fina). Dicho con otras palabras: Es totalmente necesario que se produzca esa progresión y nuestro trabajo estriba en su observación, consultando con el/la especialista si fuera necesario. También es primordial que observemos que los pequeños/as cojan bien el lápiz: los que tienen dificultad pueden ayudarse con un stetro, pequeño objeto de goma con hendiduras, que se consigue en librerías, y que se coloca en los lápices para que las personas aprendan a usarlos correctamente.
Como se decía más arriba, cuando un niño/a se enfrenta a un cuaderno, su tendencia es mantenerlo derecho, como ha hecho hasta ahora. En el caso de que sea diestro/a, la cultura predominante de los diestros le enseñará a girar ligeramente el papel hacia la izquierda, persiguiendo fijar el codo que, con un ligero barrido en ángulo y el movimiento preciso de sus dedos, abarcará fácilmente el área de trabajo. Pero, ¿qué ocurre en el caso de un zurdo/a? ¿Cómo debe ser nuestra actuación? Pues, en buena lógica, debemos girarle sutilmente el cuaderno hacia la derecha (como se actúa con el diestro, pero hacia el otro lado).
Aunque parezca evidente, creo totalmente necesario detenerme en este punto, toda vez que, a pesar de que ya no es un hecho socialmente “mal visto, aún se sigue advirtiendo la casuística más variada en este tema: coger el lápiz incorrectamente; mala colocación del papel; doblar la mano como un muñón; tapar con la mano lo que va escribiendo, ocasionando no tener perspectiva de lo escrito; hacer un arco con el brazo para salvar la dificultad; e incluso, ¡¡ tumbar el papel como un diestro y escribir al revés, es decir, por arriba !! Todo ello irá provocando en el niño/a zurdo una mella que le exigirá un plus de esfuerzo, originando letras feas, malas presentaciones (con las reprimendas correspondientes por parte de los mayores), trazos al revés que enlentecen la escritura (y de nuevo regaños por su lentitud), complicaciones de Lengua Castellana o Extranjera (más rapapolvos), dificultades de razonamiento…
Y, finalmente, problemas de autoestima que tendremos suerte si diagnosticamos a tiempo y corregimos. Pero evitaremos esos malos tragos, del todo innecesarios, a nuestros niños/as zurdos si, sencillamente, les giramos levemente el papel hacia la derecha y les explicamos por qué.

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